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Dos palabras, dos conceptos, se repiten casi incesantemente durante toda la historia de la Fotografía desde su mismo origen. El de Memoria y el de Verdad, asimilable este último a Realidad como manifestación tangible de la Verdad sea la que sea. Después de tanto tiempo transcurrido, Memoria y Verdad siguen siendo las dos palabras, los dos conceptos, que más encuentro entre los manifiestos de cuanto fotógrafo me voy cruzando por el camino. El desarrollo enorme del poder de la Imagen ha creado verdaderos problemas metafísicos a todos aquellos pensadores que han dedicado sus horas al estudio y definición de la Realidad; y no pocos problemas éticos, derivados del uso de esas imágenes fotográficas, para quienes han de levantar con la Fotografía acta notarial de la Verdad que somos. Y cada vez percibo más la preocupación de los creadores fotográficos por hacer de la Memoria no un álbum familiar, o un archivo antropológico, sino la reconstrucción de una historia individual; la invención de lo que pudo haber sido. Una especie de ir rellenando los huecos que van dejando los recuerdos en la memoria; como las restauraciones que pretendemos fidedignas, realizadas con piedra nueva sobre los restos de los antiguos templos derruidos por el tiempo. |